La búsqueda de Thalios Faelan
Relato de fantasía
La búsqueda de Thalios Faelan es un relato de fantasía protagonizado por Johar, un brujo recién llegado a la fortaleza Fuerteluz en busca de trabajo y respuestas. Su primer encargo lo llevará tras el rastro de un noble desaparecido varios días atrás en las tierras de Brumaverde.
Relato completo
Johar se aproximó a la puerta de la torre del alguacil, una pesada estructura de madera reforzada con hierro que se alzaba imponente ante él. Los goznes de metal chirriaron cuando la empujó con fuerza. En el interior percibió un aire denso, cargado por el olor aromático de la cera de las velas.

El recibidor de la torre era una estancia modesta pero funcional. El suelo de adoquines, desgastado por el paso de incontables botas, hablaba sobre los muchos aventureros que habían cruzado ese umbral. A ambos lados de la sala se encontraban varios bancos de madera de fresno, marcados por el uso continuo de los visitantes.
Un soldado con armadura de cuero y una alabarda en las manos vigilaba la estancia. Observó al brujo con una mezcla de curiosidad y cautela cuando este cruzó la entrada.
—Toma asiento —ordenó el guardia, señalando uno de los bancos. Luego, se giró hacia una puerta situada tras él, para tocarla con los nudillos antes de abrirla ligeramente—. Capitán, hay un aventurero aquí.
Una voz profunda resonó al otro lado de la puerta.
—Que pase.
El despacho del alguacil era austero, pero espacioso. El suelo de piedra estaba cubierto por una alfombra gruesa, descolorida por el uso. Dominando el centro de la habitación, se erguía una mesa de roble macizo, con muescas por los años de servicio.
Detrás del escritorio estaba el capitán de Fuerteluz, un hombre de mediana edad con una profunda cicatriz en la mejilla izquierda. Su cabello gris caía en mechones desordenados, su expresión era apática.

Johar desplegó el pergamino sobre la mesa del alguacil, quien lo examinó con atención. Tras un breve intercambio, el brujo explicó que la misión consistía en encontrar a sir Thalios Faelan, un noble desaparecido hacía una semana. La noticia no era nueva para el veterano capitán, quien asintió con gravedad.

Con un gesto casi automático, el alguacil autorizó la misión y estampó su sello en el pergamino, garantizando el pago de una recompensa: treinta piezas de oro si lograba traer de vuelta a Thalios a Fuerteluz, vivo o muerto.
Antes de despedir al brujo, el alguacil le indicó ir a la posada de las Botas Doradas, donde lady Celine Faelan, la esposa del noble desaparecido, se hospedaba.
La posada estaba construida en piedra grisácea y madera oscura, con una planta principal amplia; un segundo piso albergaba las habitaciones para los huéspedes. Al entrar, Johar percibió el olor a carne guisada y pan horneado, que se mezclaba con el aroma de la leña ardiendo. Se fijó en un par de soldados sentados junto a la barra, un grupo de enanos alrededor de la mesa más cercana a la chimenea, y algunos mercaderes humanos haciendo negocios en el local. El murmullo de las conversaciones trepaba por las paredes, adornadas con antiguos escudos y armas oxidadas.
Encontrar a lady Celine fue sencillo. Era la única mujer en la planta principal. Llevaba un vestido de terciopelo azul oscuro, ceñido a la cintura con un fajín de plata. En su hombro izquierdo se distinguía un broche que simbolizaba la religión del Cantar de la Nueva Esperanza. Sobre su mesa había una botella de vino y la noble jugueteaba distraída con un anillo de oro. Johar frunció el ceño mientras se acercaba con cautela.
—Lady Celine —comenzó el brujo, inclinando ligeramente la cabeza en señal de respeto—. Estoy aquí para buscar a su marido —añadió mientras le enseñaba el pergamino con el sello de Fuerteluz.
Ella asintió, aunque no parecía del todo satisfecha.
—Le agradezco haber aceptado el encargo, pero... ¿viene usted solo? Mi esposo lleva varios días desaparecido. Si algo le ha sucedido, temo que un hombre no sea suficiente para realizar el cometido.
Johar arqueó una ceja al detectar la decepción en su voz.
—Mis habilidades de rastreo y supervivencia son suficientes, lady Celine. He trabajado en territorios más inhóspitos que las arboledas de Brumaverde.
—Aun así... —dudó ella—. Mi fe en el Cantar de la Nueva Esperanza me dice que sería prudente contar con la compañía de un sacerdote. Si mi esposo está herido, sus bendiciones podrían ser vitales.
—No necesito la ayuda de un sacerdote —afirmó el brujo—. He tratado con heridos antes. Mis conocimientos de hierbas medicinales y de la anatomía humana bastarán para cualquier eventualidad.
Lady Celine lo miró con escepticismo, pero antes de poder replicar, Johar se inclinó hacia ella, bajando el tono de su voz.
—Además, cuento con habilidades que ningún sacerdote podría igualar.
Ella ladeó la cabeza, curiosa.
—¿A qué se refiere?
Johar sonrió; el brillo dorado de sus ojos captó la atención de la noble. Se concentró y, a través de su vínculo telepático, llamó a Valko. El halcón, que estaba sobrevolando los alrededores, se dirigió a la posada.
—Puedo hablar y controlar a los animales —afirmó, seguro de que Valko llegaría en cualquier momento—. No será difícil rastrear a su esposo con la ayuda de los seres del bosque.
En ese instante, el halcón entró volando por una de las ventanas hasta el antebrazo de Johar. El brujo acarició suavemente el plumaje grisáceo de su compañero; este mantuvo su mirada fija en lady Celine.
—Impresionante... —murmuró ella, gratamente sorprendida—. Si realmente puede hacer eso, entonces, quizá, no necesite un sacerdote.

Johar asintió, sin apartar los ojos de ella.
—Le aseguro que encontraré a su esposo. Solo necesito saber su último paradero.
Lady Celine suspiró, finalmente convencida.
—Mi marido se dirigía al campamento de cazadores junto a las arboledas de caza. Es donde los nobles suelen atrapar jabalíes, ciervos y conejos.
—Entonces ahí empezaré mi búsqueda —respondió Johar mientras Valko alzaba el vuelo y salía por la ventana.
—Por favor, regrese con mi esposo —pidió lady Celine, aferrada a su anillo.
El brujo hizo una leve inclinación de cabeza; sin decir más, abandonó la posada, dispuesto a iniciar la búsqueda.
Gracias por la visita,
Un saludo

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