La sala de los orbes mágicos
Relato de fantasía inspirado en una partida del juego de rol Pathfinder
En “La sala de los orbes mágicos”, Merisiel, Kyra, Ezren y Valeros se adentran en una estancia antigua donde cada columna guarda el poder de un elemento. Lo que parece un enigma arcano pronto se convierte en una lucha desesperada contra una criatura de fuego que llena la sala de humo, ceniza y dolor.
Relato completo
Los héroes regresaron a la barricada de madera, donde el pasadizo descendía hacia una piscina poco profunda.—Deberíamos avanzar —dijo Merisiel, deslizándose silenciosamente en dirección al agua.
—No debemos separarnos —ordenó Kyra—. Avancemos con precaución —añadió, haciendo una señal a la elfa que se adentraba en el pasadizo—. Ezren, tú irás conmigo, y Valeros cerrará el grupo.
—Quiero ayudar a Merisiel —dijo el guerrero resignado.
—Si nos atacan por detrás, estaremos en desventaja —replicó Kyra.
—Tranquilo, joven Valeros —añadió el mago, poniendo su mano en el hombro del muchacho—. Tendrás tu oportunidad.
Al otro lado del charco había una cámara con cuatro columnas de piedra, una en cada esquina, talladas con runas. En tres de ellas se encontraban unas esferas flotantes. El orbe en el suroeste era de tierra y piedra marrón, mientras que el noreste estaba fabricado en vidrio y contenía una nube giratoria. La esfera de la esquina lejana presentaba una llama rugiente en su interior; frente a ese orbe había fragmentos rotos y el agua fluía hasta el comienzo del pasadizo.
Ezren musitó unas palabras ininteligibles y comprobó que toda la estancia irradiaba una crepitante magia. Observó que junto al orbe ígneo se había formado una nube de humo de metro y medio.
—Detecto magia en toda la sala —dijo el mago señalando las columnas con su bastón.
—Podríamos caer en una trampa mágica, tened cuidado —advirtió Kyra.
En el centro de la estancia había un pedestal de ónice tallado con una escritura rúnica antigua. Cuando Ezren se acercó, seguido por sus compañeros, con el objetivo de leer el mensaje, de la humareda salió una criatura similar a una rata de fuego. Los héroes, al inhalar el efluvio que rodeaba al monstruo, comenzaron a toser y sus ojos se llenaron de lágrimas por la irritación.
Valeros embrazó su escudo para repeler las acometidas de la rata y realizó un movimiento circular con su espada a fin de proteger a sus compañeros. Merisiel cerró sus ojos y escuchó los arañazos de la rata en el suelo para detectar su posición. Seguidamente, lanzó dos cuchillos con precisión, impactando en la criatura.
El monstruo se abalanzó sobre el guerrero, pero golpeó contra el escudo y retrocedió buscando otra forma de alcanzar su objetivo. Ezren, a través del tacto, pudo descifrar las runas del mensaje: «toca los orbes y libera al elemento para obtener su ayuda». Kyra evaluó la situación y, tras lanzar una plegaria a su dios, hechizó a la criatura, que entró en pánico y comenzó a moverse de forma errática, llenando toda la estancia de humo y ceniza.
Valeros, para evitar herir a sus compañeros, lanzó estocadas hacia el suelo, pero no logró impactar a la rata. Merisiel desenvainó su espada corta y atacó sin éxito debido a los movimientos impredecibles del monstruo. Ezren conjuró un rayo de hielo, pero la criatura era demasiado rápida e impactó en la pared suroeste, cerca del orbe de tierra y piedra.
—Valeros, llévala hasta el agua —gritó el mago—. Al estar compuesto de fuego, se debilitará.
El monstruo se detuvo un instante, liberado del conjuro de Kyra, antes de cargar contra el guerrero. En esta ocasión, atacó bajo su escudo y mordió en el muslo de Valeros, quien cayó al suelo envuelto en llamas, con un reguero de sangre manando de su pierna izquierda. La criatura trepó por su cuerpo en busca del cuello, pero Valeros rodó sobre sí mismo y entró en la parte inundada de la estancia. La rata saltó, asustada por el líquido, y su envoltura llameante se apagó. El olor a carne quemada impregnaba el ambiente, y los ojos rojizos de la criatura brillaban como ascuas en la penumbra, mientras el fluido comenzaba a teñirse de rojo.

—Merisiel, presiona a la rata hasta el agua —ordenó Kyra mientras entraba en la zona inundada en busca del guerrero caído—. Ezren, congela a la criatura ahora que se ha mojado —añadió señalando al monstruo.
La elfa arrojó dos dagas al suelo para cerrar una posible ruta de escape antes de lanzar una estocada con su espada corta. Sin embargo, la rata la esquivó con rapidez y el rayo helado del mago impactó en la sorprendida pícara, ralentizando sus movimientos. Kyra recogió a Valeros y, susurrando una plegaria a su dios, consiguió cerrar la profunda herida en su muslo.
El monstruo volvió a prenderse en llamas y se abalanzó sobre el cuello de la entumecida elfa, clavando sus afilados dientes. Merisiel, en lugar de intentar escapar, sacó un cuchillo y apuñaló a la rata en dos ocasiones. Sin embargo, la pérdida de sangre y el fuego le hicieron perder el conocimiento. Valeros, al observar a su amiga en peligro, cogió a la rata de la cola y consiguió separarla de la elfa, lanzándola al otro lado de la sala, junto a la esfera que contenía una corriente de aire.
Kyra salió de la zona inundada con una poción en la mano para ayudar a Merisiel, mientras Ezren, recordando las palabras grabadas en el pedestal, conjuró un proyectil mágico que impactó en el orbe de vidrio; la fuerte corriente de viento creada elevó a la criatura y desplazó el agua hasta el pasillo, que comenzó a inundarse.
La clériga administró la poción curativa a su compañera, quien recuperó la consciencia. Ambas estaban empapadas y rodaron por la fuerza del viento hasta el pasillo. La rata en llamas pasó sobre sus cabezas y cayó a sus pies, paralizada unos instantes por un conjuro de fuerza de Ezren.
—Ahora, Valeros —gritó el mago.
La elfa arrojó dos dagas al suelo para cerrar una posible ruta de escape antes de lanzar una estocada con su espada corta. Sin embargo, la rata la esquivó con rapidez y el rayo helado del mago impactó en la sorprendida pícara, ralentizando sus movimientos. Kyra recogió a Valeros y, susurrando una plegaria a su dios, consiguió cerrar la profunda herida en su muslo.
El monstruo volvió a prenderse en llamas y se abalanzó sobre el cuello de la entumecida elfa, clavando sus afilados dientes. Merisiel, en lugar de intentar escapar, sacó un cuchillo y apuñaló a la rata en dos ocasiones. Sin embargo, la pérdida de sangre y el fuego le hicieron perder el conocimiento. Valeros, al observar a su amiga en peligro, cogió a la rata de la cola y consiguió separarla de la elfa, lanzándola al otro lado de la sala, junto a la esfera que contenía una corriente de aire.
Kyra salió de la zona inundada con una poción en la mano para ayudar a Merisiel, mientras Ezren, recordando las palabras grabadas en el pedestal, conjuró un proyectil mágico que impactó en el orbe de vidrio; la fuerte corriente de viento creada elevó a la criatura y desplazó el agua hasta el pasillo, que comenzó a inundarse.
La clériga administró la poción curativa a su compañera, quien recuperó la consciencia. Ambas estaban empapadas y rodaron por la fuerza del viento hasta el pasillo. La rata en llamas pasó sobre sus cabezas y cayó a sus pies, paralizada unos instantes por un conjuro de fuerza de Ezren.
—Ahora, Valeros —gritó el mago.


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