Reencuentro
Relato de ciencia ficción - Virus "Parasis" VI
En esta entrega, la saga Virus “Parasis” alcanza un punto de inflexión emocional y narrativo. Tras la brutal emboscada sufrida por la unidad de marines, Lily se encuentra sola en la base reformada, rodeada de enemigos y recuerdos dolorosos. Pero el auténtico impacto llega con el inesperado reencuentro con su padre, un hombre que creía perdido y que ahora, bajo la identidad de un mercenario, se redime en sus últimos momentos.
Relato completo
Lily se encontraba en la sala de la computadora central, rodeada de dispositivos y módulos; una luz tenue apenas iluminaba la estancia. Sus dedos temblaban al copiar la información de la base de avanzada en un cristal azul. La barra de progreso indicaba un 60% completado.El ruido de rifles Gauss, al disparar en la sala de control contigua, se escuchaba amortiguado tras la pesada compuerta. El corazón de Lily latía con fuerza mientras continuaba concentrada en su tarea.
«Solo un poco más», pensó, apretando los dientes. Los disparos cesaron de pronto; el silencio fue aún más aterrador. Cuando la compuerta se abrió con un chirrido metálico, la joven recogió el cristal al 80% para esconderse tras un módulo científico.
Un mercenario maltrecho, equipado con una armadura de nanofibras, entró cojeando y disparó a la computadora; los aspersores apagaron el incendio provocado.
El agua, al comenzar a caer, creó una cortina de neblina húmeda. Lily sintió la lluvia fría correr por su traje. Respiró hondo, apuntó su pistola gauss y tiró hacia el mercenario, pero él ya se había refugiado tras un panel cerca de la compuerta.
«Debo llegar a la sala de carga y ponerme el traje. Además, el mercenario cojea de la pierna izquierda, he de aprovecharlo», pensó, mientras sentía la humedad del agua al caer. Salió de su escondite, con la intención de superar a su enemigo.
El mercenario se movía más rápido de lo esperado; apuntó con su rifle gauss. Sus ojos se abrieron con sorpresa, como si la reconociera. La cadete, sin vacilar, le disparó a quemarropa.
—¿Lily, eres tú? —murmuró el hombre mientras caía al suelo.
La joven mantuvo su pistola firme; miraba confusa al mercenario herido.
—¿Cómo sabes mi nombre? ¿Quién eres? —preguntó, con voz temblorosa.
El hombre intentó incorporarse, pero el dolor lo mantenía en el suelo.
— Soy tu padre, Richard.
Lily sintió su mundo tambalearse.
—Eso es imposible. Mi padre me abandonó en un centro de integración cuando tenía diez años. Tú no puedes ser él.
Richard la miró con una tristeza profunda.
—Lo sé: te fallé, Lily. Pero recuerda la enciclopedia de dinosaurios cuya portada tenía un triceratops y un tiranosaurio. Solíamos leerla juntos antes de dormir.
Lily se quedó sin aliento al recordar aquellas noches. Solo su padre sabía eso.
—¿Papá...? —dijo con voz quebrada mientras bajaba su arma lentamente.
—Sí, soy yo —admitió Richard, con lágrimas en los ojos—. Cuando tu madre murió, no pude soportarlo. Me fui a la Tierra como mercenario. Me contrataron en Horizon, me dieron una nueva identidad, una cara distinta... Pero siempre supe que te había fallado.
La joven sintió una mezcla de rabia y tristeza.
—¿Por qué no volviste por mí? ¿Por qué me dejaste sola?
—Fui un cobarde —confesó Richard; extendió una mano temblorosa hacia ella—. No supe cómo enfrentarme a la pérdida.
—Estuve con varias familias adoptivas, pero no funcionó. Después escapé del centro de acogida y sobreviví en las calles de Red City, en una banda que robaba cargamentos —increpó la joven con los puños apretados.
—Lo siento mucho, debí haber estado contigo. Pero verte ahora, saber que perteneces al cuerpo de marines... estoy tan orgulloso de ti —sollozó el hombre.
Las lágrimas brotaron de los ojos de Lily.
—Te odié durante años, papá. Me prometí ser mejor que tú. Pero ahora... no sé qué sentir.
Richard tomó su mano con la poca fuerza restante.
—No espero que me perdones fácilmente. Solo quería contarte la verdad.
Siempre te quise, hija mía.
Lily gimoteó al sentir el peso del pasado liberarse.
—Te perdono, papá. A pesar de todo, siempre serás mi padre.
El hombre comenzó a teclear en la computadora de su antebrazo; transfirió a su hija el itinerario seguido por su equipo de mercenarios para llegar a la base y la ubicación de un buggy de la empresa Horizon.
—Ahora vete rápido, porque en cuanto fallezca, la compuerta se cerrará automáticamente y enviarán a otro equipo de contención —dijo Richard, mientras se aplicaba un plastivendaje en la herida—. Gracias, hija mía. Moriré en paz sabiendo que me has perdonado.
Lily sintió una punzada en el corazón, pero no había tiempo para procesar las emociones. Cruzó corriendo la sala de control, donde yacían los cadáveres de sus compañeros y los mercenarios. El eco de sus pasos al resonar en las paredes metálicas, junto al zumbido eléctrico de la base, creó una atmósfera inquietante.
Llegó a la sala de carga, donde su traje espacial la esperaba. Se vistió con movimientos rápidos y precisos. El peso de la vestimenta la hizo sentir más segura, pero también más consciente de cuán grave era la situación.
«Debo salir de aquí antes de que sea demasiado tarde», pensó, mientras ajustaba el casco. El sonido de su propia respiración era ahora su único acompañante.
Salió corriendo de la sala y se dirigió hacia la pesada compuerta; seguía el itinerario facilitado por su padre. El pasillo parecía interminable, pero cada paso la acercaba más a la salida. Finalmente, llegó a la compuerta; como se estaba cerrando, aceleró al máximo su carrera para atravesarla. Notó cómo se atrancaba detrás de ella con un estruendo metálico.
El agua, al comenzar a caer, creó una cortina de neblina húmeda. Lily sintió la lluvia fría correr por su traje. Respiró hondo, apuntó su pistola gauss y tiró hacia el mercenario, pero él ya se había refugiado tras un panel cerca de la compuerta.
«Debo llegar a la sala de carga y ponerme el traje. Además, el mercenario cojea de la pierna izquierda, he de aprovecharlo», pensó, mientras sentía la humedad del agua al caer. Salió de su escondite, con la intención de superar a su enemigo.
El mercenario se movía más rápido de lo esperado; apuntó con su rifle gauss. Sus ojos se abrieron con sorpresa, como si la reconociera. La cadete, sin vacilar, le disparó a quemarropa.
—¿Lily, eres tú? —murmuró el hombre mientras caía al suelo.
La joven mantuvo su pistola firme; miraba confusa al mercenario herido.
—¿Cómo sabes mi nombre? ¿Quién eres? —preguntó, con voz temblorosa.
El hombre intentó incorporarse, pero el dolor lo mantenía en el suelo.
— Soy tu padre, Richard.
Lily sintió su mundo tambalearse.
—Eso es imposible. Mi padre me abandonó en un centro de integración cuando tenía diez años. Tú no puedes ser él.
Richard la miró con una tristeza profunda.
—Lo sé: te fallé, Lily. Pero recuerda la enciclopedia de dinosaurios cuya portada tenía un triceratops y un tiranosaurio. Solíamos leerla juntos antes de dormir.
Lily se quedó sin aliento al recordar aquellas noches. Solo su padre sabía eso.
—¿Papá...? —dijo con voz quebrada mientras bajaba su arma lentamente.
—Sí, soy yo —admitió Richard, con lágrimas en los ojos—. Cuando tu madre murió, no pude soportarlo. Me fui a la Tierra como mercenario. Me contrataron en Horizon, me dieron una nueva identidad, una cara distinta... Pero siempre supe que te había fallado.
La joven sintió una mezcla de rabia y tristeza.
—¿Por qué no volviste por mí? ¿Por qué me dejaste sola?
—Fui un cobarde —confesó Richard; extendió una mano temblorosa hacia ella—. No supe cómo enfrentarme a la pérdida.
—Estuve con varias familias adoptivas, pero no funcionó. Después escapé del centro de acogida y sobreviví en las calles de Red City, en una banda que robaba cargamentos —increpó la joven con los puños apretados.
—Lo siento mucho, debí haber estado contigo. Pero verte ahora, saber que perteneces al cuerpo de marines... estoy tan orgulloso de ti —sollozó el hombre.
Las lágrimas brotaron de los ojos de Lily.
—Te odié durante años, papá. Me prometí ser mejor que tú. Pero ahora... no sé qué sentir.
Richard tomó su mano con la poca fuerza restante.
—No espero que me perdones fácilmente. Solo quería contarte la verdad.
Siempre te quise, hija mía.
Lily gimoteó al sentir el peso del pasado liberarse.
—Te perdono, papá. A pesar de todo, siempre serás mi padre.
El hombre comenzó a teclear en la computadora de su antebrazo; transfirió a su hija el itinerario seguido por su equipo de mercenarios para llegar a la base y la ubicación de un buggy de la empresa Horizon.
—Ahora vete rápido, porque en cuanto fallezca, la compuerta se cerrará automáticamente y enviarán a otro equipo de contención —dijo Richard, mientras se aplicaba un plastivendaje en la herida—. Gracias, hija mía. Moriré en paz sabiendo que me has perdonado.
Lily sintió una punzada en el corazón, pero no había tiempo para procesar las emociones. Cruzó corriendo la sala de control, donde yacían los cadáveres de sus compañeros y los mercenarios. El eco de sus pasos al resonar en las paredes metálicas, junto al zumbido eléctrico de la base, creó una atmósfera inquietante.
Llegó a la sala de carga, donde su traje espacial la esperaba. Se vistió con movimientos rápidos y precisos. El peso de la vestimenta la hizo sentir más segura, pero también más consciente de cuán grave era la situación.
«Debo salir de aquí antes de que sea demasiado tarde», pensó, mientras ajustaba el casco. El sonido de su propia respiración era ahora su único acompañante.
Salió corriendo de la sala y se dirigió hacia la pesada compuerta; seguía el itinerario facilitado por su padre. El pasillo parecía interminable, pero cada paso la acercaba más a la salida. Finalmente, llegó a la compuerta; como se estaba cerrando, aceleró al máximo su carrera para atravesarla. Notó cómo se atrancaba detrás de ella con un estruendo metálico.
El buggy de la corporación Horizon estaba donde su padre había indicado. La familiaridad de los controles, gracias a las prácticas realizadas con su unidad, le devolvió un breve momento de confianza. Al arrancar el vehículo, pudo sentir el rugido del motor bajo sus manos.
«Gracias, papá», pensó, mientras aceleraba hacia el muelle militar de la base Terminus. El paisaje marciano se extendía a su alrededor; aunque su misión era entregar a sus superiores el cristal con la información, no podía evitar sentir una mezcla de alivio por seguir con vida y tristeza por la pérdida de su padre y sus compañeros.
«Gracias, papá», pensó, mientras aceleraba hacia el muelle militar de la base Terminus. El paisaje marciano se extendía a su alrededor; aunque su misión era entregar a sus superiores el cristal con la información, no podía evitar sentir una mezcla de alivio por seguir con vida y tristeza por la pérdida de su padre y sus compañeros.
Gracias por leer,
Un saludo



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